CORAZÓN DE GREGARIO

Fernando Gaviria gana, 
su gregario Maximiliano Richeze celebra.

Los deportes suelen ser una fuente de inspiración para muchas cosas diarias de la vida: disciplina, tenacidad, constancia, perseverancia, pasión. Es difícil no pensar en una victoria e imaginarse con una medalla dorada colgada al pecho y las manos levantadas, y eso es parte de casi cualquier deporte, donde el ganador se sube a una plataforma, recibe su medalla y su nombre es vitoreado por los espectadores. ¿Quién de nosotros no se vio nunca en algún deportista admirable?

Recuerdo que cuando era niño, el ciclista colombiano de la época era Santiago Botero; resultaba inevitable salir a la calle en la bicicleta que me habían regalado a los 12 y correr junto a mis amigos de la cuadra alrededor de la manzana, imaginando que había una meta y yo llegaba primero: eran mis instantes de ser Santiago Botero y soñar con mi medalla. Pasaron los años, el ciclista de la época ahora es Nairo Quintana, y aunque ya no monto en una bicicleta hace años, es seguro que de hacerlo intentaría la misma escena, y me sentiría el campeón de la montaña.

Jamás dejamos de soñar con ser el ganador, el número uno, va en nuestras venas, y aunque no todos estamos llamados a serlo en algún deporte, lo anhelamos en nuestro trabajo diario, en nuestra vida diaria. Un “felicitaciones, que gran trabajo”, por un contrato bien elaborado, por un documento correctamente suscrito, bien puede parecerse a ganar una etapa del  Tour de Francia, guardando las proporciones de lo que para el mundo representa un triunfo de esa envergadura.

Estos días he estado siguiendo algunas etapas del giro, y si bien me parece algo impresionante lo que han logrado corredores colombianos como Fernando Gaviria y Nairo Quintana, he detallado otros corredores que, aunque no resultan en los anaqueles de la historia, su labor me ha dejado impactado. Se trata de aquellos que en el mundo del ciclismo son conocidos como “gregarios”: su tarea es proteger al líder, ponerse frente a él y soportar el viento (lo que en algunos casos se conoce como “llevarlo a la rueda”), ir al carro por agua y por lo que éste u otros compañeros del equipo necesiten, mantenerlo adelante del pelotón, detenerse cuando éste cae y volver a llevarlo hasta el grupo, quedarse con él si se ha quedado, no abandonarlo.

El gregario no es un ciclista que logre el reconocimiento del que disfruta un líder, y sus posibilidades de triunfar en una etapa son reducidas, ya que por regla general se debe a que sea aquel quien pase la meta por delante de él y se lleve todas las palmas y halagos. Es difícil para mí imaginar sentirse cómodo con que la luz del proyector se dirija a otro cuando probablemente te hiciste ciclista al ver en el tv o escuchar los triunfos de grandes corredores y fantaseaste con ser uno de ellos. Lo sé porque, a pesar que nunca me convertí en ciclista profesional, cuando veía las gestas de Santiago Botero yo fantaseaba con que, si quizá lograba ser un día ciclista, sería ese que triunfa.

Al respecto, y luego de ver un poco más, de leer y escuchar sobre la labor de los gregarios, en mi mente quedaron algunas reflexiones, para ser más exacto tres.

La primera: El propósito de algunos en su profesión, o incluso en su vida, es ser el gregario de alguien más.

Nueve corredores por cada equipo hacen parte de un evento como el Giro de Italia, y de estos, solamente uno es el líder del equipo, el jefe de filas, ¿qué pasa con los otros ocho? Su papel es, como vimos, acompañar a su líder, jamás abandonarlo, soportar las inclemencias del tiempo, del viento por él, ayudarlo cuando parece que le cuesta más, llevarlo a la victoria. Su rol se resume en una palabra: sacrificio. No quiere decir que el líder no se sacrifique, Dios sabe lo que le costará a Nairo por ejemplo subir cada montaña; sin embargo, su sacrificio le trae gloria a él, mientras que el sacrificio de un gregario le trae gloria a otro.

En todas las escenas de nuestra vida cada persona tiene un rol: en nuestro trabajo, en nuestra familia, en la vida. Algunos pocos tienen el rol de líder, y otros muchos tenemos el rol de gregarios. Incluso, podemos ser líderes en nuestra familia, y tener el rol de gregarios en el trabajo, o viceversa. ¿Estamos dispuestos a aceptar sacrificarnos para que el reflector se ponga sobre otro?

“Hacer mi labor de gregario también me genera satisfacción, porque las victorias de los grandes campeones no se construyen solas, detrás de ellos está uno, y parte de la satisfacción que sienten cuando alzan los brazos está en nuestra entrega y alegría.” Estas son las palabras de Winner Anacona hace unos días en una entrevista sobre su rol como gregario de Nairo Quintana. Cuando la leí, noté la honestidad con la que hablaba: él es consciente de su labor, y sabe que no es el llamado a obtener el reconocimiento, y sin embargo se siente satisfecho, feliz de que su propósito sea llevar a la meta a otro. Tiene claro que la victoria de su líder es su victoria.

Fue inevitable recordar la vida de alguien que había leído recientemente: Juan el Bautista. Y lo voy a exponer con sus propias palabras “…Por lo tanto, oír que él tiene éxito me llena de alegría. Él debe tener cada vez más importancia y yo, menos.” (Juan 3:29-30). Juan era reconocido, a tal punto que algunos, como Herodes, creían que Jesús en realidad era Juan el Bautista resucitado; sin embargo, él tenía claro que Jesús era más importante, y su tarea era ser gregario, abrir un camino, sacrificarse, resistir las circunstancias mientras Jesús estaba listo para cumplir con su llamado.

La segunda: A veces un líder debe asumir la posición de gregario. Hay un tiempo y un lugar para ser el llamado a liderar, pero hay otras posiciones en nuestras vidas en que seremos los sacrificados.

Me impresiona la disposición de dos ciclistas en particular: Alejandro Valverde y Maximiliano Richeze. Tal vez no sepas mucho de ciclismo, pero estos dos nombres han tenido peso como líderes, como llamados a la victoria: Valverde solía ser el líder del equipo movistar, en el que Nairo ahora lo es, mientras que Richeze fue un afamado embalador (corredor que lucha por la victoria de una etapa que termina con un final plano, se requiere velocidad y aceleración más que resistencia), y hoy está en el equipo de Fernando Gaviria.

Valverde fue durante muchos años el líder de su equipo, ganó una de las tres carreras más importantes del ciclismo, la Vuelta a España, y disputo varias veces el Tour de Francia y el Giro de Italia, siendo usualmente protagonista. Nairo Quintana fue inicialmente gregario de Alejandro Valverde, pero con el paso del tiempo, Nairo surgió como el que tenía el llamado a liderar, a triunfar, y con esto, Valverde pasó a ser su gregario. Por otro lado, Richeze fue uno de los ciclistas que hace unos años disputaba las etapas, otros le servían de lanzadores (se llama así a los ciclistas que se hacen delante del embalador soportando el viento y gastando toda su energía para dejarle a éste los últimos metros lo más fresco posible para ganar), y ganó varias veces etapas importantes. Hoy, Maximiliano es el lanzador de Fernando Gaviria, y probablemente sin él, el joven embalador colombiano no cosecharía los triunfos que ha logrado en el Giro hasta hoy.

¿Cómo se recibe la noticia de ser gregario, de ser el sacrificado, cuando se ha estado durante tanto tiempo siendo el líder? Creo que en realidad hace falta mucha humildad, coraje y amor en el corazón para que, además de dar un paso al costado, un líder termine siendo liderado por aquel que viene después. Es una lección de vida la que nos da el ciclismo: estamos hechos para ser líderes tal vez cierto tiempo, pero indudablemente todos seremos gregarios de otros, todos tendremos que sacrificarnos por alguien, la pregunta es, ¿estaremos dispuestos de corazón?

“Aunque su servicio viene después del mío, yo ni siquiera soy digno de ser su esclavo, ni de desatar las correas de sus sandalias” (Juan 1:27). Que palabras más valiosas y humildes podría decir Juan el Bautista con respecto a Jesús, al reconocer que venía el tiempo en que el liderazgo lo asumiría Jesús, y ya no sería él. Sin embargo Juan siguió con su propósito hasta el día de su muerte, no abandonó la tarea, solamente aceptó que ya era su tiempo de ser escudero, no espadachín.

La tercera: el corazón de un gregario está hecho para la batalla, para el sacrificio, y para hacerlo en favor de otro, comprendiendo que quizá su labor pasará al olvido.

¿Cuántos gregarios son recordados del modo en el que se evoca la memoria de los líderes, los triunfadores? Pocos en la historia tienen su nombre por reconocido si no obtuvieron un triunfo de peso. Es probable sin embargo, que quienes saben realmente de ciclismo guarden en su memoria las gestas de algunos sacrificados, pero quienes no tienen idea profunda, conocen a lo sumo nombres de ganadores y no más. Esto quiere decir que para ser gregario realmente hace falta comprender que podemos ser olvidados, y aun así, tener el coraje para darlo todo en sacrificio, en un sacrificio que muchos olvidarán, pero los cercanos, y sobre todo el líder, el ganador, siempre tendrán presente.

Aunque jamás hayas abierto la Biblia, el nombre de Jesús lo asocias a la victoria, tal vez al rey, al que venció en la cruz; así, es muy probable también que te suenen los nombres de Pablo, Pedro, Moisés, y otros pocos. Sin embargo, ¿te dice algo el nombre de Esteban? Pocas personas, que no sepan realmente de la Biblia, guardan en su memoria la gesta del primer gran sacrificado. Esteban es conocido como “el primer mártir”, y su sacrificio no es recordado por muchos. Su corazón fue tal que las últimas palabras expresan la disposición de llevar a cabo la tarea que Dios le había dado “cayó de rodillas gritando: ¡Señor, no los culpes por este pecado!” (Hechos 7:60).

El corazón del gregario se pone frente a las circunstancias, va delante de otro protegiéndolo, cubriéndolo, para que al final ese otro sea el ganador. El corazón del gregario toma el lugar de sacrificio, la posición que debería asumir aquel que va a triunfar, y lo lleva hasta la meta, a unos metros de ella: ese es ni más ni menos el corazón de Jesús, un hombre que tomó mi lugar, enfrentó las circunstancias que yo debía, se puso delante de mí, me protegió, me arropó detrás suyo, y todo solamente para que yo pudiera llegar a la meta y levantar mis manos.

Unas últimas preguntas podrían ayudarnos a saber si en realidad tenemos corazón de gregarios, o únicamente un corazón que busca bañarse de gloria por sí solo: ¿Qué tal si tan sólo eres un héroe anónimo, si tu nombre no queda en los libros de historia, si los únicos que lo recuerdan son tus hijos? ¿qué tal si ese sueño, si ese propósito que has sentido en el corazón no es para ti sino para tus hijos? ¿Qué tal si tú vas a ser el gregario de tu hijo, si tu labor y tarea en ésta tierra es ser el papá del hombre que va a llegar a la meta como ganador? ¿Qué tal si no es tu hijo, y si es alguien más? Tal vez te hagas una idea con la respuesta de Jesús:


“no he venido al mundo para que me sirvan, para que se sacrifiquen por mí, al contrario, vine aquí para servir a ustedes, para sacrificar mi vida por su victoria, por su salvación” Mateo 20:28

Comentarios

Entradas más populares de este blog

PILATADAS