PILATADAS

Durante la semana santa fue inevitable para muchos el terminar viendo alguna de las películas que se transmiten en Colombia, en las cuales se expone el camino a la muerte y crucifixión de Jesús. Debido a que los canales nacionales llegan a ricos y pobres por igual, estas representaciones llegan también a creyentes y no creyentes, y aunque muchos no consideren real la existencia de Jesús y su muerte, todos terminamos envueltos en la trama donde un amigo traiciona a otro y es llevado a un juicio ejecutado por otro tipo que, de acuerdo a la película, o se burla del acusado, o le da igual la situación y le tira la pelota a otro para juzgarlo.

Lo cierto es que todos nos hacemos una imagen de éste segundo tipo en la que, por los acontecimientos que siguen a su aparición, lo pensamos como un tipo despreciable que está haciendo daño a un inocente. Judas y Poncio Pilato generan casi que en cualquier ser humano, un desprecio y rechazo por sus actos, y desde la comodidad de nuestro sofá o nuestra cama, nos resulta muy fácil pensar “yo jamás le haría eso a nadie”, o “que tipos más tontos, ¿no se dan cuenta de lo que están haciendo?”. 

La verdad es que yo siempre que he visto las películas me convenzo que jamás haría lo de Pilato (una "pilatada"), que no hallando culpable al acusado, aun así decidió aprobar la solicitud de la condena contra él. ¿Qué juez en sus cabales haría algo así? Cualquiera pensaría que era un tribunal de justicia en Colombia, donde se puede esperar una cosa de esas de algunos que manchan la ley.

Hace poco leí con detenimiento el momento en el que sucedió eso en el evangelio de Juan, y para mi sorpresa, creo que más de una vez me he comportado como Poncio Pilato, y no es que precisamente haya consentido la muerte de alguien a pesar de creer que es inocente, sino que entendí cuál fue el error de Pilato: buscar la aprobación de los demás y ser un hombre manipulable.

Los acusadores vienen con Jesús delante de Pilato, le explican que lo hacen porque él es la autoridad; lo quieren usar para que haga lo que ellos no son capaces de hacer: matar al acusado. Pilato tiene un encuentro con Jesús en el que le pregunta si es el rey de los judíos, a lo que Jesús responde “¿lo preguntas por tu propia cuenta o porque otros hablaron de mí?”. Jesús ya lo conoce todo, sabe lo que hay en el corazón de Pilato, y sabe que él no está haciendo la pregunta porque en realidad tenga idea sobre eso de ser el rey de los judíos, sino porque otros se lo dijeron. 

Primera cosa en la que puedo ser como Pilato: juzgar a alguien por lo que otros me dicen de él. ¿No es cierto que nos resulta fácil? ¿Quién no se ha quedado con la imagen de una persona solo porque los demás le enseñan esa imagen?, de hecho, ¿Con cuánta facilidad nos creemos lo que los medios de comunicación dicen que alguien hizo? Varias veces he visto noticias y he pensado “sí, esa persona es eso que dicen”; lo cierto es que yo no tengo ni idea de la persona, no la conozco, pero he hablado por lo que otros hablan.

Es curioso cómo delante de Jesús Pilato no miente, sino que reconoce que él está haciendo esa pregunta porque es lo que le han dicho los demás. Sin embargo, Pilato tiene su oportunidad de oro: puede conocer a Jesús en realidad, le puede preguntar sobre que´es eso de ser rey de los judíos, el por qué dice que su reino no es terrenal, ¡le puede preguntar lo que sea! Me impresiona que Cristo jamás dice ser rey, pero Pilato se queda con la imagen que otros ya le vendieron. Esto, a pesar de que su charla con Jesús lo deja realmente pensativo, porque este le dice que vino para hablar acerca de la verdad, y Pilato le preguntó entonces “¿qué es la verdad?”.

Si usted es creyente, seguro alguna vez en una charla sobre sus creencias le han dicho “ustedes creen que sólo ustedes tienen la verdad”, y si usted no es creyente, probablemente ha pensado eso de sus opuestos. Sin embargo, me parece que hay una pregunta que lo deja a uno realmente cuestionándose: ¿qué es la verdad? Yo creo que Pilato escuchó a Jesús, y pudo percibir su honestidad y lo considero inocente, dado que después salió y le dijo al pueblo “este hombre no es culpable de ningún delito…”. A pesar de todo, aun le importa más la aprobación de los demás, puesto que añade, “… pero ustedes tienen la costumbre cada año de pedirme que libere a un preso durante ésta época, ¿quieren que deje libre a este?”

Pilato es el gobernador, la autoridad, y es el que tiene en sus manos la decisión, porque si bien la costumbre es que le pidan que libere a un preso, el relato no dice que ellos elegían qué preso; entonces, ¿por qué les da la posibilidad de decidir si quieren que libere a Jesús? Él lo único que quiere es ganar su simpatía, y realmente no le importa ceder su autoridad y capacidad de juicio a ellos. Segunda cosa en la que puedo ser como Pilato: ceder en mis creencias por la simpatía de los demás.

Después de esto Pilato dice dos veces más que no encuentra culpable a Jesús de nada, pero se deja presionar por los sacerdotes judíos, porque según ellos él debía morir por haber dicho que era el Hijo de Dios. “Cuando Pilato oyó eso, tuvo más miedo que nunca”. Yo creo que tuvo miedo porque sabía que no estaba bien ejecutar a un hombre que él no encontraba culpable; ¿no debería ser suficiente como para no hacerlo? Tantas veces sabemos que algo no está bien, y aun así lo hacemos, ¿qué nos pasa? Que nos pesa más la necesidad de congraciarnos con otros que lo que creemos, así de fácil.

Pilato tiene una segunda charla con Jesús, en la que Él le hace saber que el error de los que lo entregaron es mayor que el suyo… pero aun así, es un error. Esto es tremendo porque dice que “entonces Pilato trató de poner en libertad a Jesús”. Parecía que de pronto la luz se hacía más fuerte en el interior de ese hombre, quiso enmendar su error, por más pequeño que fuera; sin embargo, una frase de los sacerdotes judíos lapidaría todo “si pones en libertad a ese hombre, no eres amigo del César”. Es el final: Pilato tuvo una lucha con todo el asunto, pero su necesidad de aceptación por los demás le permitió dejarse manipular de ellos y cambiar su opinión para que vieran que él sí era un amigo del César y de ellos.

Tercera cosa en la que puedo ser como Pilato: cambiar mis opiniones o decisiones por la presión y manipulación de otros. ¿No es algo que suceda? Cualquiera pensaría “sí, pero es que él no lo tenía tan claro, no era amigo de Jesús”, pero antes de todo esto estaba Pedro negando a su amigo ante la presión de otros y también por ser aceptado por ellos.

Sé que la Biblia no dice nada más sobre Pilato, qué pasó con él o cómo se sintió después de todo, pero para ser honesto cuando he hecho una de las 3 cosas que hizo él, me he sentido muy mal y eso que nadie ha muerto por algún error mío, ¿puede imaginarse lo que sentiría ese tipo? De seguro la aprobación de los demás no le sirvió de consuelo, sabiendo que todo lo que querían era manipularlo, usarlo.

Después de leer sobre el tema, me quedé con lecciones muy particulares:

1.      No debo juzgar a nadie por lo que otros me dicen de él o ella. (es irónico pero hasta juzgaba a Pilato por lo que las películas enseñan, y luego cuando leí me di cuenta que no era más que un simple tipo que se había equivocado como yo me podría equivocar).

2.      Debo ser radical en mis creencias, en mis posiciones. No hay un cristiano más falso que el que “se convierte” por gustarle a una chica, o por ser aceptado por un grupo de personas. De la misma, no hay un no creyente más harto que el que dice que no cree en Jesús porque está en un grupo de personas que no creen. Hay que tener convicciones claras, si usted cree no tiene que ceder por caerle bien a nadie, y si no cree lo mismo. La conversión no tiene que venir patrocinada por el aplauso de nadie. Y por favor, no nos pongamos con esas cosas de “sí pero no”, nada suena más ridículo que “yo creo en Dios, pero no creo en los milagros” (¿para qué le sirve un dios que no tiene ningún poder? Le sale mejor creer en Papá Noel, al menos trae regalos).


3.      No me puedo permitir ser manipulable, mis decisiones tienen que ser claras. Hay una frase que me parece genial de la Biblia “que tu sí sea sí, y que tu no sea no”. Sepamos leer las intenciones de la gente, no nos dejemos manipular ni presionar para cambiar una decisión, ¿por qué vamos a estar entre el sí y el no? Creo que a nadie le gustan las personas indecisas, así que no lo permitamos, pero tampoco manipulemos a nadie. 


SSacado de Juan 18: 28-40 / Juan 19: 1-16





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