BARRIGA LLENA, CORAZÓN CONTENTO
“La codicia del hombre hace que quiera que las plantas crezcan más rápido, que crezcan más grandes y más lindas. Por eso algunos recurren a sustancias químicas. Pero yo dejo que las plantas en mi jardín crezcan como quieran”
El primer capítulo de la tercera
temporada de la serie Chef’s Table expone la vida de Jeong Kwan, una monje
budista zen que cocina como un ejercicio espiritual, con la intención de comunicarse
con las personas a través de la alimentación. ¿Será posible llevar un mensaje a
alguien solamente con lo que se pone para comer sobre una mesa? Bueno, no he
ido hasta Corea del Sur, al templo en el que vive y cocina Jeong Kwan, pero
todos aquello que lo han hecho han dicho que es una experiencia fuera de
proporciones, que un té de flor de loto les transmite una sensación tan
particular jamás sentida que en realidad parece que fuera algo espiritual.
Honestamente viendo el té, uno pensaría que es una taza de agua con una flor
abierta sobre ella, y no más, pero probablemente sea cierto que tomarla
produzca algo único en el ser.
Yo personalmente creo que es
posible comunicar un mensaje a través de la comida; tal vez no sea tan
místico como un té de flor de loto preparado en las montañas de Corea del Sur,
arrullado por el sonido de la naturaleza, pero cualquier sensación distinta en
el paladar, como un ajiaco santafereño para un extranjero, produce algo (al
menos emocionalmente hablando: satisfacción).
Conceptualmente, el tipo de
comida que prepara Jeong se conoce como “cocina total”, y se le considera como
aquella que cuida la salud y los sentidos, basada en una conexión íntima del
cocinero con los ingredientes: no debe haber ninguna distancia entre estos y
quien los usará en las preparaciones. De acuerdo con el concepto, al ser parte
del proceso de cultivo del ingrediente, el cocinero logra ser parte de éste, y
viceversa, y se genera una conexión capaz de ser transmitida a las personas que
consumirán luego la comida.
Hay algo en lo que estoy de
acuerdo, y es que el interés genuino de un cocinero por la forma en que se
producen los ingredientes que usa, el tipo de productos que se le aplican
durante el proceso y su método de cuidado, terminan por generar una preparación
mucho más exquisita, no porque se genere algún tipo de conexión energética
entre la persona y los ingredientes, sino porque la persona profundiza en el
conocimiento de estos, y esto le permite utilizarlos de una mejor manera,
resaltar su sabor, color y contextura, y provocar placer en el paladar de
quienes lo comen. ¿No funciona así en cualquier cosa de la vida? Entre más
cerca estamos del origen de aquello que hacemos, más lo comprendemos y nos
acercamos a un ejercicio más preciso. Es lo que solemos llamar experiencia.
Volvamos a la pregunta, ¿es
posible llevar un mensaje a alguien solamente con la comida? Después de ver el
capítulo de la serie y conectando el asunto de los alimentos y el espíritu,
surgió una pregunta de mis adentros: ¿por qué Jesús comparó su sacrificio con
comida? ¿Qué tanto hay acerca de la comida como mensaje en la Biblia? Jamás
había pensado en eso, pero, sembrada la idea de que se podía comunicar algo
espiritual con lo que yo creía que era solo para llenarme la barriga, medite
profundamente.
Tengo la sospecha de que la
respuesta es sí: la comida puede llevar un mensaje. ¿Por qué razón Jesús diría que
cada vez que partiéramos el pan y lo comiéramos recordáramos su sacrificio? Creo
que el motivo es menos complejo de lo pensado: resultaba bastante simple para
el propósito del mensaje, que fuera comparado con la experiencia de probar
algo, de comerlo o beberlo. Si Dios nos hizo, claramente nos conoce, y si nos conoce,
sabe que el placer que experimentamos con más frecuencia, y que vivimos todos
por igual, es comer. Desde luego, ya que sabía que esto nos resultaba tan
satisfactorio cada vez que lo hacíamos, lo podríamos recordar frecuentemente.
De hecho, si algo aprendemos es a agradecer por los alimentos, creamos en lo
que creamos, al menos le damos las gracias a quien los preparó.
Si la comida transmite un
mensaje, comunica algo, valdría la pena revisar qué estamos comiendo, quién lo
prepara, cómo se produjeron los ingredientes con que se preparó. Lo que más me
impactó de Jeong, fue la claridad con que ve el sistema de producción de
alimentos: el hombre codicia, el dinero, el tiempo, saciarse; la codicia
provoca que actuemos en búsqueda de aumentar las ganancias, de disminuir el
tiempo de espera por algo, y de generar más de aquello que nos va a saciar.
Pero entonces, ¿qué es lo que comemos? ¿Qué es lo que contiene aquello que nos
llevamos a la boca y termina en nuestra barriga? Valdría la pena saber qué
tantas cosas tiene un redondo y jugoso tomate, la cantidad de productos que
fueron necesarios para verlo en la mesa, y qué tanto provocan en nosotros,
porque al final el mensaje que transmite la comida hoy es: satisfácete, no
importa el precio que tengas que pagar, incluso si es tu vida.
Me encanta la cocina, y realmente
disfruté el hecho de saber que puedo transmitir un mensaje al preparar un plato
para alguien. Después de eso, decidí que iba a dedicarme a comunicarme con los
demás a través de la comida: a las personas les hablaría de un Dios que sonríe
cuando sonreímos, que nos ama en esos días tristes en que todo lo que
quisiéramos es algo que nos deleite; a mi pareja le informaría mi amor
(honestamente dudo que exista algo mejor que preparar un plato italiano para
decirle a esa persona que la amamos), y de vez en cuando, que me perdone alguna
embarrada; a mis hijos les haría saber que me encanta divertirme con ellos, que
son lo que más amo y vale la pena hacer su desayuno cada mañana; a mis papás
les transmitiría mis agradecimientos, y les haría saber que finalmente sí puse
cuidado cuando me enseñaron a hacer una sopa.
¿Es verdad no? Se puede transmitir
un mensaje con un plato. Tal vez un día nos cocine Dios mismo y nos haga saber
lo que piensa de nosotros solamente con eso. Quizá ya no será barriga llena
corazón contento; a lo mejor para entonces, espíritu lleno corazón contento.
“Cuando llegaron, encontraron el desayuno preparado para ellos: pescado a la brasa y pan. Jesús lo había cocinado, y pidió que trajeran algunos pescados más de los que acababan de pescar.” “Entonces Jesús se acercó, y tomó el pan y el pescado y lo sirvió para ellos” Juan 21:9-10, 13

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